1977
Origen del cartel de Cali

En poco tiempo los integrantes del cartel de Cali acumularon una gran fortuna proveniente del tráfico de drogas que utilizaron para sobornar a policías, políticos y funcionarios públicos. Se disputaron el control de la distribución internacional de cocaína con los narcotraficantes de Medellín y fueron claves para debilitar a Pablo Escobar.

La desigualdad social y económica, la bonanza marimbera de los años sesenta, el auge del contrabando, la prohibición del tráfico de drogas y el aumento del consumo de estupefacientes, fueron algunos de los factores que influyeron en la creación del cartel de Cali.

El cartel de Cali llegó a producir el 80 % de la droga que ingresaba a Estados Unidos y solo en 1994 movió 700 toneladas de cocaína y obtuvo ganancias superiores a los siete mil millones de dólares.

En 1973, los vallecaucanos Jaime Caicedo Caicedo, alias El Grillo, y Benjamín Herrera Zuleta, conocido como el papá negro de la cocaína, crearon las primeras rutas internacionales para el tráfico de estupefacientes. Adquirían la pasta de coca en Perú y Bolivia, la procesaban en Colombia y la enviaban a Estados Unidos, en donde tenían una red de distribuidores.

Después de ellos llegó una nueva generación de traficantes. Hélmer Herrera, alias Pacho Herrera, quien era familiar de Zuleta, rápidamente controló el mercado en Nueva York. Por su parte, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, y José Santracruz Londoño, alias Chepe Santacruz, que pertenecían a la banda Los Chemas, dedicada al contrabando, la piratería y el secuestro, comenzaron a traficar marihuana. Tiempo después descubrieron que la cocaína representaba mayores ganancias y se volcaron hacia este negocio.

Finalmente, Santacruz incluyó en su grupo a Hélmer Herrera, quien ya tenía una amplia experiencia traficando drogas y lavando dinero, es decir, legalizando las sumas provenientes de las actividades ilícitas en empresas ficticias. Con esta alianza, el cartel de Cali, liderado por los hermanos Rodríguez Orejuela, José Santacruz y Hélmer Herrera, se convirtió uno de los principales productores y comercializadores de cocaína.

Empresas fachadas

Luego de conquistar Estados Unidos buscaron crecer el mercado en Europa e ingresar a Japón, donde el precio del kilo de cocaína podía llegar a costar 65 mil dólares.

A diferencia de los narcotraficantes de Medellín, liderados por Pablo Escobar, los miembros del grupo de Cali invirtieron su dinero en acciones, que además de darles poder económico, los perfilaban como exitosos hombres de negocios.

Fueron dueños de Drogas La Rebaja, Laboratorios Kressfor, el Grupo Radial Colombiano y, a finales de los años 70, se convirtieron en el mayor accionista del Banco de los Trabajadores; también tuvieron participación en el First Manhatan Bank de Panamá. Además, incursionaron en la ganadería, el transporte y el fútbol; y eran los propietarios del equipo América de Cali.

Alianzas y corrupción

A pesar de que se aliaron con los narcotraficantes de Medellín, con quienes crearon el grupo Muerte a Secuestradores, se separaron por oponerse a la guerra que estos le declararon al Estado Colombiano e iniciaron una ofensiva terrorista para disputarse el control del tráfico internacional de drogas.

En esta lucha, infiltraron al cartel de Medellín para dar a las autoridades información para perseguirlos, además apoyaron el autodenominado grupo Los Pepes –Perseguidos por Pablo Escobar– impulsado por antiguos socios de este y que logró reunir, además de sus enemigos de siempre, a miembros de la DEA y la Policía.

Los integrantes del clan de Cali tuvieron un gran poder corruptor, sobornaron a miembros de la Asamblea Nacional Constituyente y a senadores para influir en la prohibición de la extradición. Incluso financiaron la campaña presidencial de Ernesto Samper, quien estuvo en el poder entre 1994 y 1998.

El fin del cartel

En 1993, después de la muerte de Pablo Escobar, sus integrantes quedaron en la mira de las autoridades y la opinión pública. Aunque negociaron varias veces con la justicia para obtener beneficios, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y José Santacruz fueron arrestados en 1995. Pacho Herrera y otros de sus lugartenientes, se entregaron.

A Herrera lo mataron en la cárcel en 1988. Santacruz se fugó de la cárcel y fue asesinado en Medellín, algunas versiones le atribuyen la autoría de este asesinato a la Policía Nacional, mientras que otras aseguran que fue obra de Carlos Castaño.

Gilberto Rodríguez quedó en libertad en 2002, pero en 2003 fue retenido nuevamente y extraditado en 2004, y su hermano Miguel, en 2005. En 2006 fueron condenados a 30 años de cárcel y a dar al gobierno americano 2.100 millones de dólares. William, el hijo de Miguel, se entregó a la justicia de Estados Unidos ese mismo año y accedió a testificar contra su papá y su tío a cambio de una rebaja de penas.

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