1982
La incursión en la política de Pablo Escobar

A través de sus obras cívicas, Escobar consiguió sumar adeptos para llegar al Congreso y obtener el poder político que escudara sus actividades oscuras.
Foto: El Mundo

La carrera política de Pablo Escobar inició en las calles de Medellín y alcanzó su punto máximo cuando ocupó una curul en la Cámara de Representantes. Paradójicamente, este ascenso significó el fin de sus aspiraciones. Colombia no podía tener un narcotraficante legislando.

Civismo en Marcha fue el primer movimiento que lideró Pablo Escobar, con él se dedicó a sembrar árboles y rescatar especies de animales que estaban en peligro. Este proyecto ecológico estuvo precedido de la iluminación de cientos de canchas y de la donación de infraestructura para los barrios de las comunas nororiental y noroccidental de Medellín.

Pero su obra social más destacada fue la construcción del barrio Medellín sin tugurios, también llamado Pablo Escobar. El jefe del cartel de Medellín destinó una millonaria suma para donarles viviendas a más de 600 familias que vivían en el basurero de Moravia y fueron víctimas de un incendio ocurrido en 1982.

Un plan ambicioso

Con la llegada al Congreso, Pablo Escobar lograba tener inmunidad parlamentaria, que lo protegía del riesgo de ser extraditado.

Después de obtener un reconocimiento público como benefactor social, Escobar decidió comenzar su carrera para llegar al poder político, pese a que una gran parte del cartel de Medellín se oponía. Su propósito era obtener una curul en la Cámara de Representantes, para esto reestructuró el movimiento Civismo en Marcha y creó Renovación Liberal, que adhirió al proyecto Alternativa Popular del político tolimense Alberto Santofimio Botero.

Escobar quiso formar parte del Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán, sin embargo, el caudillo, en una visita que hizo a Medellín el 4 de marzo de 1982, fue enfático en no permitir su ingreso, con base en su clara postura de no tener ni aceptar vínculos y cercanías con el narcotráfico.

Pablo Escobar alcanzó su objetivo y llegó al congreso en 1982, como suplente de la curul de Jairo Ortega. Sin embargo, el fin de su carrera política estaba cerca. En septiembre de 1983, cuando el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla citó a un debate en el Congreso para revelar los nexos de Escobar con el narcotráfico. Para soportar estas acusaciones, el director de El Espectador, Guillermo Cano, publicó en las páginas del diario la reseña que daba cuenta del pasado judicial del capo.

Esa jugada ocasionó su expulsión del Congreso, aunque en sus palabras dijera que: “Yo he tomado la determinación de retirarme definitivamente de la política porque considero que para prestarle un servicio a la comunidad lo puedo hacer con mis obras cívicas sin tener ninguna participación en ella”. Después de que fuera apartado de su cargo y le levantaran la inmunidad parlamentaria, se volvió prófugo de la justicia.

Pablo Escobar creía que con el poder económico y militar que le otorgaba ser el máximo jefe del cartel Medellín tendría acceso al poder político, para llegar a ser presidente de Colombia. Sin embargo, nunca pudo desligarse de sus nexos con la ilegalidad y esto le significó el fin de sus ambiciones.

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