19/06/1991
Entrega, fuga y muerte de Pablo Escobar

Un helicóptero partió desde el Centro Administrativo La Alpujarra, para recoger a Pablo Escobar y trasladarlo a la cárcel de Envigado. Foto: El Mundo.

Tras 498 días de fuga, y a sus 44 años, Pablo Escobar fue asesinado junto a su lugarteniente alias El Limón. Foto: El Mundo.

Existen diferentes versiones sobre la muerte de Pablo Escobar, el relato oficial cuenta que El Bloque de Búsqueda fue quien lo localizó. Foto: El Mundo.

La entrega de Pablo Escobar parecía ser un indicio del fin de la guerra. Un año después, con su fuga demostró que les mintió a las autoridades. Desde ese momento se convirtió en el blanco de grupos legales e ilegales que, después de muchos intentos, lograron su objetivo: ubicarlo.

El 19 de junio de 1991 el jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, se entregó a las autoridades colombianas. Una delegación presidida por el padre Rafael García Herreros, quien actuó como mediador, fue a recogerlo, en un helicóptero, hasta el Oriente antioqueño.

A las 5:11 de la tarde, frente a decenas de periodistas que esperaban comunicarle esta noticia al mundo entero, el helicóptero que llevaba a Escobar aterrizó en la parte trasera de la cárcel de máxima seguridad de Envigado, que años más tarde se conocería como La Catedral. Minutos antes se había entregado el jefe de seguridad del cartel de Medellín, John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, en un sitio no identificado, desde donde fue trasladado al mismo centro penitenciario de Escobar.

En el lugar los esperaban el Procurador General de la Nación, Carlos Gustavo Arrieta; el director nacional de Instrucción Criminal, Carlos Eduardo Mejía Escobar; y el Procurador Delegado para los derechos Humanos, Jaime Córdoba, quienes habían llegado desde las 9:00 de la mañana.

Ni Escobar, ni quienes se han sometido voluntariamente a la justicia a su lado, en virtud de estos decretos, recibirán un tratamiento distinto de aquel previsto en las normas vigentes”, César Gaviria, presidente de Colombia.

La que parecía ser la rendición de Pablo Escobar se produjo luego de varias semanas de negociación con el Gobierno. En esta ocasión, a diferencia de la primera vez que dijo que se entregaría y no llegó, Escobar cumplió porque la prohibición de la extradición, por la que votó la mayoría de delegatorios de la Asamblea Nacional Constituyente, le garantizaba que no tendría que comparecer ante la justicia de Estados Unidos.

Luego de la entrega, desde la Casa de Nariño, el presidente César Gaviria Trujillo se mostró optimista y afirmó que el Gobierno seguiría luchando contra el narcotráfico; además, pidió ayuda internacional en esta labor y aplaudió la derogación del Tratado de Extradición.

Después de este momento tan esperado se creía que nunca más se escucharía hablar de carrosbomba, masacres y muertes selectivas, pues el hombre que con sus actos terroristas asesinó a decenas de políticos, policías y demás personas inocentes, entre 1986 y 1991, ya estaba tras las rejas.

Su centro de operaciones

Meses después de la llegada de Escobar a La Catedral el país comenzó a darse cuenta de los lujos con los que vivían el capo del cartel de Medellín y sus lugartenientes. El lugar estaba equipado con camas de agua, jacuzzi, televisor de pantalla gigante, telescopios, equipos de gimnasio, billar, bar y líneas de comunicación con el exterior. Además, servía de escondite para una gran cantidad de armas, drogas, dólares y equipos de comunicación.

Después de un proceso de inteligencia, las autoridades concluyeron que Escobar seguía delinquiendo desde la clandestinidad. En julio de 1992 asesinó a sus antiguos socios, Fernando “el Negro” Galeano y Gerardo “Kiko” Moncada, en el interior de esta cárcel. Además, desde allí, ordenó matar a otras 22 personas que tenían vínculos con el cartel de Medellín.

Teniendo conocimiento de esto, el Gobierno incrementó las medidas de seguridad y reemplazó los guardas por personal militar, pues comprobó que algunos de estos permitían que Escobar delinquiera y viviera rodeado de comodidades.

Finalmente, el 21 de julio de 1992, dos pelotones del Ejército tomaron el control de la Cárcel de Máxima Seguridad de Envigado con el objetivo de trasladar a los presos a una cárcel en Medellín. Ese mismo día, el viceministro de Justicia, Eduardo Mendoza, y el director General de Prisiones, Armando Navas, viajaron hasta Medellín para informarles a los detenidos sobre esta decisión. Como consecuencia, algunos reclusos les arrebataron las armas a los guardias y tomaron como rehenes a los dos funcionarios.

Momentos después, desde el Comando General del Ejército, se le ordenó a la IV Brigada que tomara el control interno y externo del lugar. En consecuencia, un grupo de 180 hombres se trasladó a la cárcel. A las tres de la mañana del 22 de julio, varios militares que llegaron desde la base de Tolemaida reforzaron el anillo de seguridad.

En las primeras horas del día se presentó un enfrentamiento, que cobró la vida de un sargento y dejó a varias personas heridas. En medio del intercambio de disparos el Viceministro de Justicia y el Director General de Prisiones fueran rescatados con vida. En medio de este caos los militares le perdieron el rastro a Escobar y a nueve de sus lugartenientes.

No dejó rastro

Los presos se fugaron por una de las mallas que separaban el lugar del exterior. Según contó alias Popeye: “Pablo Escobar Gaviria tenía el manejo de la cerca eléctrica que tenía la cárcel, esta cerca la protegían unos ladrillos, había cuatro ladrillos que estaban pegados con yeso, solamente el patrón y yo sabíamos. Los guardias eran bandidos de Pablo Escobar vestidos de guardianes, era el primer anillo, nosotros nos escapamos porque conocíamos la zona”.

Al día siguiente de la fuga, Escobar envió un comunicado a algunas cadenas radiales en el que afirmaba que estaba dispuesto a someterse de nuevo a la justicia a cambio de que lo dejaran permanecer en la Cárcel de Envigado, y de que fuerzas militares de las Naciones Unidas vigilaran el penal.

El fin estaba cerca

La muerte de sus socios “Kiko” Moncada y “el Negro” Galeano, la fuga de La Catedral y la posterior conformación de Los Pepes (Perseguidos por Escobar), significaron el fin de Escobar. El capo, además de ser prófugo de la justicia y tener tras de sí a las fuerzas militares en pleno, también tenía siguiéndole el rastro al grupo Los Pepes, conformado por los enemigos que acumuló a lo largo de una guerra de ocho años.

La versión oficial

Vista desde cualquier ángulo, la muerte de Pablo Escobar significaba un triunfo militar. Son muchas las versiones que se han creado en torno a este hecho, la oficial y la más recordada es la aportada por el Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional.

Los colombianos supieron a través de los medios de comunicación que tras un año y cuatro meses de inteligencia, en un operativo realizado por un comando de 20 hombres del Bloque de Búsqueda de la Policía, Escobar fue localizado en una vivienda del barrio Los Olivos, en el sector del Estadio, en Medellín. Tras la irrupción de varios hombres a la casa, el capo intentó huir por el tejado, pero fue impactado tres veces por agentes de la Dijín. Los proyectiles le causaron la muerte inmediata.

Un coronel sería el autor

Por otra parte, el coronel en retiro, Hugo Aguilar, que estuvo preso por nexos con el paramilitarismo y ha sido imputado por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, en conversación con El Espectador en 2013, aseguró que él y el coronel Danilo González decidieron combatir a Escobar por su cuenta y que ambos fundaron el grupo Los Pepes.

Además, afirma que la localización de Escobar se dio gracias al sistema de los radios Thompson que la DEA le dio a la Policía. Según sus declaraciones, él fue el encargado de darle el primer tiro por la espalda y, luego, un teniente con un fusil R-15 lo impactó con una bala que le salió por el oído.

Un golpe paramilitar

El exparamilitar José Antonio Hernández Villamizar, alias John, en testimonio ante la Unidad de Justicia y Paz en 2011, manifestó que fueron Los Pepes los que ubicaron y mataron a Pablo Escobar y no el Bloque de Búsqueda. Afirma que Carlos Castaño entró a la casa en el barrio Los Olivos y en compañía de ‘Z-A’, ‘Móvil 9’ y ‘18’, dieron de baja a Escobar. Momentos después le entregaron el cadáver al coronel Hugo Aguilar, miembro del Bloque de Búsqueda, en el techo de la vivienda.

Vengando la traición

Alias don Berna, el jefe de seguridad del “Negro” Galeano, relata en su libro Así matamos al patrón / La cacería de Pablo Escobar, que su hermano, Rodolfo Murillo Bejarano fue el autor material. Cuenta que él ingresó a la casa donde estaba Escobar, en compañía de miembros del Bloque de Búsqueda, y en el segundo piso, cuando Escobar corría por el tejado, le disparó en la cabeza con su fusil M-16 calibre 5.56.

No lo mataron

Las personas cercanas y especialmente su hijo, Juan Pablo Escobar, y su hermana menor, Alba Marina Escobar Gaviria, afirman que el capo tenía muy claro que, en caso de una captura, antes acabaría con su vida por su propia mano, con la pistola que cargaba siempre. “Muchas veces me contó que en su pistola tenía 15 disparos: 14 para sus enemigos y uno para él”, dijo el hijo de Pablo.

Después de su muerte, Escobar se convirtió en un mito. Muchos turistas llegan a Medellín y a Colombia en busca de sus huellas. Pero Escobar no es el héroe de una historia, es todo lo contrario, el antihéroe que puso en jaque a todo un país, desconociendo el dolor que guardan muchas familias que perdieron a sus seres queridos en una guerra sin límites ni proporciones. Además, con la guerra del narcotráfico a las vidas perdidas se suman los proyectos personales, familiares y sociales truncados por una lógica en la que se sacrificaron valores y marcos éticos de actuación.

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