1984
El sicariato

La explosión de un carrobomba en frente del edificio Mónaco dio inicio a la guerra entre carteles de droga. Foto: El Mundo.

Aunque el Mónaco fue construido como un búnker, la estructura no colapsó por la explosión de los 200 kilos de dinamita. Foto: El Mundo.

Según Juan Pablo Escobar, el hijo de Pablo Escobar, al lugar donde se encontraban llegaron pedazos del chasis del carro bomba. Foto: El Mundo.

Los sicarios fueron los encargados de ejecutar los atentados contra políticos, policías, jueces, periodistas, abogados y civiles, que sucedieron en medio de la guerra narcoterrorista de las décadas de los 80 y los 90.

Si bien en Colombia el sicariato se hizo notorio en 1984, su aparición data de 1948. En esta época, en la que los seguidores de los partidos Liberal y Conservador se enfrentaron, eran conocidos como pájaros.

Los hermanos Prisco Lopera fueron los primeros sicarios que trabajaron para Pablo Escobar. Provenientes del barrio Aranjuez de la capital antioqueña, se convirtieron en el aparato militar del cartel de Medellín. Estos criminales, conocidos como los Priscos, se hicieron visibles el 30 de abril de 1984 cuando asesinaron al ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla.

Se les responsabiliza del asesinato del juez Tulio Manuel Castro Gil; del magistrado Hernando Baquero Borda; del periodista Guillermo Cano, director de El Espectador; del procurador General de la Nación, Carlos Mauro Hoyos; del gobernador de Antioquia, Antonio Roldán Betancur; del coronel de la policía, Valdemar Franklin Quintero; de la bomba del DAS en Bogotá; del secuestro del candidato a la alcaldía de Bogotá, Andrés Pastrana y del plagio de los periodistas Diana Turbay, Azucena Liévano y Francisco Santos. También están vinculados a múltiples atentados dinamiteros ocurridos en la guerra entre los carteles de Cali y Medellín y el Estado colombiano.

 

La sofisticación de la violencia

Los Priscos contó con un ejército de más de 300 hombres, estaban dispuestos a ejecutar cualquier plan a cambio de recibir un pago que les permitiera alcanzar sus aspiraciones personales. Con el propósito de que sus acciones fueran cada vez más violentas algunos de estos sicarios, que además trabajaban para Gonzalo Rodríguez Gacha, los hermanos Castaño y el jefe esmeraldero Víctor Carranza, recibieron adiestramiento de parte de mercenarios israelíes y británicos.

A finales de la década de los 80 surgieron otros grupos, entre ellos, Los Quesitos y Los Magníficos, que evolucionaron hasta llegar a convertirse en las bandas La Terraza o La Oficina, que siguen vigentes después de la muerte del capo.

A pesar del tiempo que ha transcurrido desde el surgimiento de los grupos de sicarios, todavía está viva esta figura que creó una cultura en torno al dinero fácil y hoy sigue cobrando decenas de vidas y alimentando un estigma que afecta, especialmente, a los jóvenes de los barrios populares.

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