01/12/1981
Creación del grupo Muerte a Secuestradores

Cerca de 203 narcotraficantes participaron en la creación del grupo Muerte a Secuestradores para vengar y detener el secuestro de personas adineradas e influyentes, ordenaron decenas de crímenes.

El 1 de diciembre de 1981, los narcotraficantes Juan David, Jorge Luis y Fabio Ochoa se reunieron en Medellín con Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Lehder y otros mafiosos provenientes de diferentes zonas del país para crear el grupo Muerte a Secuestradores, MAS.

El secuestro de Martha Ochoa fue uno de los 557 que ejecutó el M – 19 entre 1970 y 1989, para financiar su lucha armada.

Este encuentro sucedió días después de que Martha Nieves Ochoa, hija del caballista Fabio Ochoa y hermana de los tres narcotraficantes, fuera secuestrada por el M -19 en inmediaciones de la Universidad de Antioquia, en donde estudiaba Economía.

Sus familiares se negaron a pagar los 12 millones de dólares que exigían para liberarla. En este sentido, publicaron varios avisos de prensa en los que manifestaban que no iban a negociar con este grupo y que estaban dispuestos a darle una recompensa de 25 millones de pesos a aquel que diera información sobre su paradero.

 

El origen del paramilitarismo

El 2 de diciembre de 1981, un día después del encuentro en Medellín, fueron arrojados, desde una avioneta, al Estadio Pascual Guerrero, en Cali, varios panfletos que anunciaban públicamente la creación del MAS y le advertían a los secuestradores que tomarían represalias contra ellos y sus familias. Esto sucedió antes de que iniciara un partido entre el Atlético Nacional y el América, equipos que habían sido financiados con dinero del narcotráfico.

El comunicado anunciaba que cada uno de los 223 miembros del MAS se había comprometido a poner a disposición del movimiento a 10 de sus mejores hombres y a aportar 2 millones de pesos. Además, afirmaban que los 446 millones de pesos reunidos se emplearían para combatir el secuestro, pagar recompensas y ejecuciones.

Días después, publicaron varios avisos de prensa en los que indicaban que el inicio de la ejecución de sus planes estaba cerca. Estos comunicados eran firmados por Lehder, quien, el 20 de noviembre de ese mismo año, días antes del secuestro de Martha Ochoa, resultó herido en un intento de secuestro por parte del M-19.

La arremetida

El MAS comenzó a cumplir sus promesas. Después de que identificaron al miembro del M- 19, Luis Gabriel Villegas Bernal, como el responsable del secuestro de Ochoa, raptaron a más de 20 personas allegadas a él, entre ellas a Martha Correa, su esposa.

El 30 de diciembre de 1981, el MAS liberó a Correa en las afueras del periódico El Colombiano. La dejaron atada y con un escrito en el que la acusaban de ser secuestradora. Por su parte, Luis Gabriel Villegas Bernal secuestró un avión para salir del país y luego de negociar con las autoridades, viajó a Cuba.

En medio de la persecución que emprendió el MAS contra el M-19 con el propósito de localizar a Ochoa, cualquier sospechoso de simpatizar con esa agrupación era secuestrado y torturado. Después, estas personas eran entregadas a las autoridades militares que, gracias a los poderes concedidos por el Estado de Sitio, podía juzgarlos en consejos de guerra verbales, o asesinarlos.

Con el fin de detener la violencia desatada por el MAS y gracias a las conversaciones secretas que la familia Ochoa sostuvo con el M-19 en La Habana, Panamá, Bogotá, Medellín y Armenia, Martha Ochoa fue liberada el 16 de febrero de 1982 en Armenia.

 

Sin proporciones

Esta lucha contra el secuestro derivó en la persecución a líderes sociales y estudiantiles, defensores de derechos humanos, miembros de los partidos de izquierda, periodistas y abogados. En enero de 1982 fue asesinado en Medellín Luis Javier Cifuentes, líder obrero de Coltabaco. Otros sindicalistas fueron secuestrados y posteriormente liberados, entre ellos estaba Jesús María Arias, de los directivos de la Asociación Colombiana de Empleados Bancarios, quien afirmó que quienes lo habían torturado eran miembros del Ejército Nacional.

La persecución antisubversiva y a defensores de derechos humanos por parte del MAS se extendió a Caquetá, Magdalena Medio, Nordeste antioqueño, Arauca, Casanare y Valle. Gracias a las alianzas de la fuerza pública con terratenientes y narcotraficantes, impulsaron el crecimiento del paramilitarismo.

El actuar de los masetos, como comenzaron a ser llamados, se extendió a otras ciudades. En Bogotá, asesinaron con 17 disparos a William de Jesús Parra Castillo, militante del movimiento de autodefensa obrera (ADO), acusado de haber participado en el asesinato del exministro Pardo Buelvas.

Además, entre febrero y marzo de 1982 pusieron una bomba en la casa de la periodista María Jimena Duzán, amenazaron a Gabriel García Márquez y al exembajador y exministro Alfredo Vásquez Carrizosa, y asesinaron al abogado penalista Enrique Cipagauta Galvis, quien representó a varios acusados de subversión, juzgados por la justicia penal militar.

Los métodos del MAS fueron cada vez más violentos. En marzo fueron encontrados los cadáveres de dos hombres a las afueras de Bogotá. Habían sido estrangulados, empalados y colgados en un árbol. Los cuerpos portaban carteles con el nombre del MAS.

De la guerra a la alianza con el M – 19

Después de la escalada de secuestros y asesinatos contra sus militantes, los dirigentes del M -19 acordaron un pacto de no agresión con los creadores del MAS. Además, establecieron algunas alianzas, según reveló el segundo informe de la Comisión de la Verdad que la Corte de Justicia creó en 2005 para investigar la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985.

Este documento señala que la intención de la Toma, además de juzgar al presidente Belisario Betancur Betancur por el incumplimiento de los pactos de paz, era destruir los expedientes en contra del narcotráfico y presionar para que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declarara exequible el tratado de extradición.

El grupo Muerte a Secuestradores empleó los métodos más violentos para combatir el plagio de personas notables y narcotraficantes. Aunque no fue el único factor que influyó en la creación del paramilitarismo, su dinámica y alianzas con las Fuerzas Militares, fueron determinantes para la consolidación de este fenómeno en el país.

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