16/12/1996
Bomba en la casa del exgobernador Juan Gómez Martínez

Además de los daños en las edificaciones cercanas, cinco vehículos y un CAI quedaron destruidos por la explosión del carro bomba. Foto: El Mundo.

Un carrobomba fue detonado frente a la casa del exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín Juan Gómez Martínez, en Medellín. El hecho dejó una víctima mortal, decenas de heridos y cuantiosos daños materiales.

A las 5:30 de la mañana del 16 de diciembre de 1996, un carrobomba cargado con cerca de 100 kilos dinamita y una gran cantidad de metralla explotó frente a la casa de Juan Gómez Martínez, quien fue gobernador de Antioquia, alcalde de Medellín y director del diario El Colombiano.

En la madrugada cuatro hombres y una mujer llegaron a La Loma de los Parra, en el barrio El Poblado, de Medellín, con el propósito de activar el vehículo en frente de la vivienda. Sin embargo, cuando el agente de la Policía Ismael Caballero, encargado de custodiar la casa, se percató de su presencia, disparó para impedir el avance de los delincuentes, que optaron por dejar el carrobomba a pocos metros del lugar y huyeron en un taxi que los esperaba.

Secuelas dolorosas

Una vez más los afectados por este acto terrorista fueron los civiles que nada tenían que ver con la ilegalidad. La señora Lucía Ceballos, de 60 años, quien era vecina del político, falleció al ser alcanzada por la onda explosiva en su vivienda. Su esposo, Javier Bernal, fue una de las 48 personas que resultaron heridas.

Fueron segundos impresionantes. La tierra, la casa, todo se movió y después todo empezó a caerme encima, caían el techo, los muros, las puertas, nada quedó en su sitio”, Ana Teresa Gómez.

En el momento de la detonación Juan Gómez Martínez se encontraba por fuera. En su vivienda estaban sus hijos Ana Teresa y Juan Camilo; él sufrió fuertes lesiones en sus ojos y en sus manos. “No queremos que se repita la voladura de nuestra casa con un carrobomba, ver al hijo mayor en la clínica, con los ojos vendados, una mano paralizada por la rotura de los tendones y cortaduras en todo el cuerpo. No queremos volver a saber que la vecina de nuestra casa murió destrozada por esa bomba y que su esposo quedó ciego”, dijo Juan Gómez Martínez.

Secuelas de una guerra

La explosión dejó cuantiosos daños materiales estimados en 2.000 millones de pesos. Cinco vehículos y dos motocicletas quedaron semidestruidos. Los edificios residenciales Combeima, Montecarlo Real y Piedecuesta también resultaron afectados. La onda explosiva causó daños en edificaciones ubicadas tres cuadras más abajo sobre la Avenida El Poblado, entre ellas Caja Social, Rincón de Castilla, Prados del Este, Corfin, Banco Central Hipotecario, Sudameris, Tempo y Conavi.

Callar a la prensa

Ana Mercedes Gómez, la directora del periódico El Colombiano y hermana del exgobernador, relató que antes del atentado había recibido varias llamadas en las que les exigían que guardaran silencio frente a temas como la extinción de dominio, la extradición y el aumento de penas, que en ese entonces eran debatidos en el Congreso.

Pese a que al momento de los hechos Juan Gómez Martínez no hacía parte de la rama legislativa y no estaba vinculado directamente a este medio de comunicación, se cree que atentaron en su contra por ser una de los políticos más visibles de Medellín. Este acto generó angustia y conmoción en los ciudadanos que temían el posible regreso del terrorismo que dejó cientos de víctimas entre las décadas de los 80 y los 90.

Una salida a la violencia

Una de las decisiones más polémicas que tomó Juan Gómez Martínez años atrás, cuando fue alcalde de Medellín en plenos años de violencia narcoterrorista, fue la expedición del Decreto 580 de 1989, por el cual “se impone el toque de queda dentro de la jurisdicción del Municipio de Medellín”. Esto fue con el propósito de proteger la vida de los ciudadanos ante la escalada violenta que tuvo su punto más crítico el 18 de agosto de ese año con el asesinato del coronel de la Policía Valdemar Franklin Quintero, y del candidato presidencial Luis Carlos Galán.

Esta medida, que provocó el enojo de los miembros de los carteles de la droga, restringía la circulación de los ciudadanos entre las diez de la noche y las seis de la mañana. La ciudad permanecía vigilada por militares y policías. El comercio, la industria y las personas vivían intimidados en medio de un ambiente de zozobra generalizada.

Pero, en menos de los que se esperaba Pablo Escobar respondió y el 31 de agosto de 1989 estalló una poderosa bomba al frente de las bodegas de Pintuco, dejando a quince personas heridas.

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