11/09/1989
Asesinato del exalcalde de Medellín Pablo Peláez

Los despojos mortales de Pablo Peláez fueron velados en cámara ardiente en el Concejo de Medellín y sus exequias fueron en Campos de Paz. Foto: El Mundo

Peláez fue asesinado a unas cuadras del edificio Catay, en donde residía. Al momento de su muerte era el presidente de Holasa. Foto: El Mundo

En medio de la declaración de guerra de los narcotraficantes colombianos al Estado, fue asesinado el exalcalde de Medellín y presidente de la compañía Holasa, Pablo Peláez González.

El 11 de septiembre de 1989, el vehículo en el que se movilizaban Pablo Peláez González, el conductor Adalberto Antonio Rodríguez y el escolta Omar Humberto Jiménez, fue interceptado por tres sicarios, en el barrio El Poblado, en Medellín. Los delincuentes dispararon hasta asesinar al político antioqueño de 45 años y a su conductor.

Al servicio de la gente

Pablo Peláez fue un líder sensible a las problemáticas sociales. Entre 1984 y 1986 se desempeñó como alcalde de Medellín. De su trayectoria política se destaca la campaña Amor por Medellín, con la que recorría a la ciudad para identificar las problemáticas y necesidades de sus habitantes.

“Claro que hierve la sangre cuando vemos caer a nuestros mejores hombres como consecuencia de una violencia fratricida y demencial; no faltara más que no sintiéramos vergüenza ante la miseria humana que trata de suplantar aquellos valores esenciales”, Pablo Peláez González.

El Plan de mejoramiento urbano de las comunas populares, fue otro de los proyectos que le otorgó una aceptación masiva entre los ciudadanos porque contribuía a mejorar considerablemente la calidad de vida de las comunidades más vulnerables.

En su último cargo, como presidente de la compañía Holasa, demostró su visión y capacidad para aportarle al desarrollo industrial. Desde este rol, participó el 4 de agosto de 1989 de la Jornada de reflexión, la acción y el compromiso, que, sin sospecharlo, se convirtió en su última aparición pública. En esta compartió la mesa principal con el comandante de la Policía, Valdemar Franklin Quintero y el candidato presidencial Luis Carlos Galán, también asesinados en esta guerra contra la institucionalidad.

Un hombre cívico

Aunque se opuso a la tolerancia que tenían algunos dirigentes políticos con los narcotraficantes, Peláez nunca crítico directamente a los integrantes de los carteles de la droga. Mas bien se dedicó a exaltar los valores antioqueños. Él nunca recibió amenazas, el único hecho que generó duda fue una llamada anónima que hicieron a su casa el día de su asesinato, en ella preguntaban si ya había salido de la vivienda.

Su muerte se produjo días después de la extradición de Eduardo Martínez Moreno, el jefe de finanzas del cartel de Medellín, que recrudeció la guerra que le declararon Los Extraditables al Estado y a las instituciones colombianas. Desde hacía 13 días, la ciudad estaba en toque de queda, una medida que tomó el alcalde Juan Gómez Martínez para proteger a los ciudadanos de la escalada violenta.

Ese mismo día, en Rionegro fueron incendiadas las fincas del presidente de Ecopetrol, Andrés Londoño Restrepo, y del parlamentario conservador, y después gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos.

Pablo Peláez fue una de las figuras más queridas por los antioqueños, quienes repudiaron su muerte. “Si galán era la esperanza de este país, Pablo Peláez era la esperanza de Antioquia”, El Mundo, 12 de septiembre de 1989.

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