10/10/1989
Asesinato de la gerente de El Espectador Martha Luz López

Como parte de la persecución que emprendió Pablo Escobar en contra de El Espectador, fue asesinada Martha Luz López la gerente de este medio en Medellín. Foto: El Espectador.

López, fallecida a los 34 años, fue sepultada el mismo día de su muerte en Campos de Paz. Foto: El Colombiano

Martha Luz López, la gerente de El Espectador en Medellín, fue asesinada por sicarios de Pablo Escobar en la entrada de su residencia, como parte del plan con el que buscaban destruir al diario que reveló los vínculos del entonces congresista con el narcotráfico.

La gerente administrativa de El Espectador, Martha Luz López López, fue asesinada el 10 de octubre de 1989 por sicarios del cartel de Medellín. A las 12:30 de la tarde, cuando iba a parquear su vehículo Renault 9 en el garaje de su casa, ubicada en el barrio El Poblado de Medellín, los delincuentes que se movilizaban en un taxi y en una motocicleta le propinaron varios disparos que le ocasionaron heridas de gravedad.

López, de 35 años, fue trasladada a la Clínica Soma, en donde falleció cuando los médicos intentaban estabilizarla. En el momento del ataque estaba en compañía de su madre, quien recibió un tiro en la pierna izquierda y tuvo que ser sometida a una cirugía.

El origen de la persecución a El Espectador

En 1976 El Espectador informó que Pablo Escobar había sido capturado por tener en su poder un cargamento de cocaína. Años más tarde, el 25 de agosto de 1983, su director Guillermo Cano volvió a publicar la fotografía de la reseña del capo, quien para ese entonces era congresista suplente. Dos meses más tarde, el Congreso despojó a Escobar de la inmunidad parlamentaria. Su carrera política terminó y se volvió prófugo de la justicia.

Por estos hechos, los ataques del cartel de Medellín contra el medio no cesaban. Además del asesinato de su director Guillermo Cano tres años atrás, hacía tan solo un mes, el 2 de septiembre de 1989, explotó un carrobomba en la sede de Bogotá que la dejó semidestruida e hirió a 73 personas.

Días de temor en Medellín

Las redacciones de los diarios más parecen un cuartel en guerra que un periódico. Las amenazas personales se producen frecuentemente. (…) Se trabaja bajo la presión del terrorismo”, Guillermo Cano.

En la capital antioqueña se vivía un ambiente de desasosiego, pues todos los miembros de la casa periodística fueron declarados objetivo militar de Escobar. Las intimidaciones no cesaban e incluían la prohibición de la circulación del diario, la quema de los ejemplares, el envío de coronas fúnebres o sufragios mortuorios y la realización de llamadas amenazantes a las oficinas y a las casas de los empleados.

La orden que había dado Escobar era matar a las tres cabezas visibles de Medellín, es decir a Martha Luz López, al jefe de circulación Miguel Soler y al editor periodístico Mario Atehortúa. Los criminales cumplieron y el mismo día, a las 2:00 de la tarde, momentos después del atentado contra López, asesinaron a Miguel Soler cuando salía de su casa en el barrio Santa Gema.

Después de estos crímenes, los periodistas que trabajaban para el medio en Medellín recibieron nuevas amenazas que les anunciaban que debían renunciar a sus cargos y que, a toda costa, impedirían que el periódico fuera distribuido en la ciudad.

Amor por el oficio

La negativa de Martha Luz López de renunciar a El Espectador le costó la vida. No lo hizo porque, según sus allegados, nunca recibió amenazas directas puesto que los mensajes intimidatorios iban dirigidos a la casa editorial.

El periodista Carlos Mario Correa, corresponsal durante 13 años de El Espectador en Medellín, recuerda a López como una persona amable, empoderada de su cargo, estricta en el manejo del dinero y de los insumos para el funcionamiento de la oficina. “Era una exitosa vendedora de publicidad y de suscripciones. En Medellín, el periódico tenía más de 5.000 suscriptores”, cuenta Carlos Mario.

Los Extraditables asumieron la autoría de este crimen que dejó claro que en su guerra contra los medios de comunicación solo había dos caminos: el silencio o la muerte.

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