19/09/1990
Secuestro del periodista Francisco Santos

La incomodidad que despertaban en los narcotraficantes las columnas que escribía el periodista Francisco Santos determinó su secuestro, que concluyó ocho meses después cuando fue liberado en Bogotá.

El 19 de septiembre de 1990, el jefe de redacción del periódico El Tiempo, Francisco Santos fue secuestrado por tres sicarios al servicio de Los Extraditables, quienes lo interceptaron cuando se movilizaba por el occidente de Bogotá en un campero. En el hecho murió su conductor Oromancio Ibáñez.

Versiones confusas

Yo escribí una columna y esa columna era muy dura contra Pablo Escobar y los narcos, porque veía la violencia que generaban, la amenaza que eran para la libertad de prensa (…) él tenía en la mira a los periodistas”, Francisco Santos.

Los extraditables anunciaron a través de una llamada telefónica que tenían en su poder a Santos, sin embargo, para confundir a la opinión pública y a las autoridades, tres días después desmintieron esta información.

En un comunicado sus miembros afirmaron que no solían hacer llamadas anónimas y que conservaban su voluntad de paz. Además, ratificaron que no estaban dispuestos a acogerse a la ley de extradición porque “para su autor no existe la menor posibilidad de inocencia para ninguna de las personas solicitadas en extradición y, además, porque no se puede pensar en la suspensión de la extradición cuando se siguen entregando colombianos a los Estados Unidos”.

El final esperado

Cerca de ocho meses después, el 20 de mayo de 1991, a las 10:30 de la noche, Francisco Santos fue liberado en Bogotá, en el barrio Niza, en donde abordó un taxi que lo llevó hasta su apartamento. Esto se produjo gracias a la mediación del sacerdote Rafael García Herreros. Esa misma noche fue liberada la gerente de Focine, Maruja Pachón, secuestrada el 7 de noviembre de 1990.

Hechos colaterales

El secuestro de Francisco Santos se dio veinte días después del plagio de la directora de la revista Hoy por Hoy, Diana Turbay Quintero; el editor de este medio, Juan Vitta; el corresponsal alemán Hero Buss; la jefe de producción del Noticiero Criptón, Azucena Liévano, y los camarógrafos del mismo informativo Richard Becerra y Orlando Acevedo.

Pablo Escobar no estaba dispuesto a que lo cuestionaran o pusieran en evidencia su relación con el narcotráfico. En la guerra que protagonizó, los periodistas y funcionarios de los medios de comunicación se convirtieron en el blanco de sus actos terroristas.

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