02/09/1989
Carro bomba en El Espectador

El camión que contenía la bomba voló hecho pedazos, lanzando partes a 100 metros a la redonda, incluso a la terminal de transportes ubicada a 1.500 metros del periódico. Foto: El Espectador.

El 2 de septiembre de 1989, a las 6:43 de la mañana, explotó un camión cargado con 55 kilos de dinamita en la estación de gasolina Guadalupe, contigua a la sede de El Espectador, en el occidente de Bogotá.

El jefe de despachos del periódico, Juan Bejarano, recibió una llamada en la que le pedían autorización para parquear un camión, que estaba varado, en frente del diario. Ante la negativa del funcionario, el hombre que hizo esta solicitud empujó el carro, con ayuda de dos policías y un vigilante, hasta la estación de gasolina. Minutos después activaron el mecanismo.

Un saldo devastador

En total fueron 73 personas las que resultaron heridas, entre ellas la empleada de servicios generales del medio y Margarita Clopatofsky, la encargada del conmutador. Jorge E. Toro, un bombero que recién terminaba su turno, fue la víctima más grave.

Cuando estalló la bomba dos camionetas se estaban surtiendo de gasolina, sus conductores, Orlando Pacheco y Guillermo Infante, al igual que la jefe de tanqueo de esta estación, Estella Ardila, quedaron heridos. Frente a la gasolinera pasaban dos buses de servicio público cuyos pasajeros fueron afectados por los vidrios y las esquirlas.

Las pérdidas materiales sobrepasaron los 500 millones de pesos. Además de la destrucción del costado sur de la sede de El Espectador y de la estaciones de servicio Guadalupe y Las granjas, situada esta última a una cuadra, además, varias edificaciones quedaron semidestruidas. Dos buses y seis automóviles fueron alcanzados por la onda explosiva.

La explosión del carro bomba en Bogotá se produjo al mismo tiempo de otros atentados en Cartagena que destruyeron una finca y un yate de los propietarios del medio. Minutos después de estos actos, una persona que afirmó pertenecer a Los Extraditables, llamó a la sede el El Espectador en Cartagena para reivindicarse los atentados ocurridos en esta ciudad y en Bogotá.

Una seguidilla terrorista

Con este atentado, el cartel de Medellín cumplió las amenazas que desde hacía varios años había dirigido en contra de los funcionarios del medio y que incrementaron en los últimos días por la ofensiva que emprendió el gobierno nacional en contra de los narcotraficantes. El origen de esta persecución eran las denuncias que sus directivos y periodistas hicieron y revelaron la vinculación de Pablo Escobar y otras figuras públicas al narcotráfico.

Esta no fue la primera afrenta en contra de El Espectador, el 17 de diciembre de 1986, Pablo Escobar ordenó asesinar a su director Guillermo Cano. Cuatro meses después, el capo mandó a destruir una escultura del fallecido periodista que construyeron en Medellín, su ciudad natal. La siguiente víctima fue el abogado de la familia Cano, Héctor Giraldo Gálvez. El 10 de octubre de 1989 fueron asesinados en Medellín, el jefe de circulación Miguel Soler y la gerente administrativa, Martha Luz López.

En solidaridad por el ataque terrorista, los diarios de todo el país incluyeron en sus páginas notas editoriales que reafirmaban su compromiso con la verdad y hacían un llamado urgente al Estado.

Después del atentado, la violencia no cesó, Escobar aseguró que los volvería a bombardear. En consecuencia, los directivos del periódico reunieron a sus colaboradores y les ofrecieron una indemnización para que cesaran sus actividades y protegieran sus vidas, sin embargo, todos siguieron al frente de sus labores.

En Bogotá la zozobra hacía parte del día a día. Las evacuaciones, llamadas y mensajes intimidantes eran constantes. En Medellín, la situación también era crítica, el cartel del narcotráfico de esta ciudad prohibió la circulación del diario y sus periodistas debían trabajar desde la clandestinidad.

La investigación por el atentado no arrojó resultados, solo en 1994 John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, aseguró que Escobar le dio la orden a John Jairo Arias Tascón, alias Pinina, de organizar el atentado.

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