16/08/1989
Asesinato del magistrado Carlos Ernesto Valencia

Los empleados de la rama judicial protestaron con frases en contra del gobierno, como “en cada magnicidio volvía a prometer carros blindados, pero lo único que podía garantizar era carros fúnebres”. Foto: El Mundo.

Por haber vinculado a varios narcotraficantes colombianos en procesos judiciales, sicarios al servicio de Pablo Escobar asesinaron al magistrado Carlos Ernesto Valencia.

El 16 de agosto de 1989 fue asesinado el magistrado del Tribunal Superior de Bogotá Carlos Enrique Valencia García. Cuando se dirigía a su casa, en la capital colombiana, fue abordado por cuatro hombres que dispararon en contra del vehículo en el que se movilizaba junto a sus tres escoltas. Con seis impactos de bala fue traslado a la Clínica San Pedro Claver, en donde falleció.

Su sentencia

Carlos Ernesto Valencia nació en Pereira el 21 de agosto de 1944. Estudio derecho en la Universidad Externado. Fue juez de su municipio natal y de Santa Rosa de Cabal. En agosto de 1985, fue designado por la Corte Suprema de Justicia, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, en donde trabajó en diferentes casos que involucraban a los capos de la droga.

“Los que trabajamos con él sabemos que con su injusta partida Colombia perdió a un magistrado intachable. Nos quedamos sin un maestro, sin una persona que siempre fue digna de imitar como valiente administrador de justicia”, manifiesta Diana Hernández, abogada y amiga.

Después de su asesinato, los demás magistrados del Tribunal Superior de Bogotá anunciaron su renuncia, porque consideraban que no contaban con las medidas necesarias para proteger su vida.

La Nación fue condenada por el crimen de Valencia, toda vez que la investigación demostró que hubo fallas en el servicio de protección que prestaba el Estado al magistrado, porque a pesar de que las autoridades tenían conocimiento de las amenazas que existían en su contra, no le asignaron un esquema de seguridad adecuado.

Con la muerte del magistrado Valencia se confirmó que cualquier abogado, juez, fiscal o magistrado que hiciera parte de las investigaciones contra el cartel de Medellín, corría el riesgo de ser asesinado. Su muerte fue uno de los episodios que marcaron al año 1989 como uno de los más sangrientos de la historia del país.

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