17/11/1986
Asesinato del coronel Jaime Ramírez Gómez

Esa tarde Ramírez Gómez regresaba a Bogotá después de pasar el fin de semana en una finca, a la que había decidido ir con su familia para descansar, antes de emprender un viaje al exterior. Foto: El Espectador

El coronel Jaime Ramírez Gómez dirigió importantes operativos en contra del narcotráfico. Su firmeza e incorruptibilidad fueron determinantes para su asesinato, autoría del cartel de Medellín.

El coronel Jaime Ramírez Gómez, director de la unidad Antinarcóticos de la Policía Nacional, fue asesinado el 17 de noviembre de 1986 cerca de Bogotá, cuando regresaba de una finca en compañía de su esposa Helena Méndez Vargas y sus hijos Javier y Jaime Ramírez Méndez. El vehículo en el que se desplazaban fue alcanzado por sicarios que les dispararon. Aunque Ramírez perdió el control del vehículo, sus familiares salieron ilesos.

Firmeza contra el narcotráfico

La lucha de Ramírez Gómez para detener el tráfico de drogas comenzó en 1975 cuando capturó a Iván Darío Carvalho, que hacía parte de la primera organización dedicada a la producción y comercialización de cocaína. En su intento por desintegrarla, años después desmanteló un laboratorio de refinamiento propiedad de Verónica Rivera de Vargas, conocida como “La reina de la cocaína”.

Ramírez Gómez planeo y dirigió, junto con la DEA, la destrucción de Tranquilandia, el centro de procesamiento de cocaína más grande en el mundo, ubicado en los Llanos del Yari, en el sur de Colombia. El lugar tenía 500 hectáreas de extensión, 6 pistas de aterrizaje y 19 laboratorios para la producción de este narcótico.

En Tranquilandia, en solo seis meses, los narcotraficantes lograron refinar 23.733 kilos.

Él y el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, hicieron pública la presencia de dineros provenientes del narcotráfico en los equipos de fútbol y la política. Después de esto incrementaron las amenazas de muerte en su contra.

Ramírez Gómez descubrió el primer plan para asesinar a Lara Bonilla, a cargo del ciudadano norteamericano Joseph Harold Rosenthal, capturado en Medellín. También advirtió al F-2 de la Policía sobre la intercepción de las líneas telefónicas del ministro por parte de Pablo Escobar. Gracias a su testimonio, Escobar fue vinculado al proceso del asesinato de Lara Bonilla, ocurrido el 30 de abril e 1984.

Uno de sus últimos logros fue descubrir que los sicarios de Escobar Gaviria utilizaban para sus asesinatos una serie de placas con las iniciales KF que había sido hurtada de las oficinas del tránsito de Itagüí.

El plan para asesinarlo

A pesar de las amenazas, Jaime Ramírez rechazó el acompañamiento de sus escoltas el fin de semana en que fue asesinado porque consideraba que la finca a la que viajó era un lugar seguro. Una versión diferente cuenta que un alto oficial de la Policía Nacional le informó al coronel que los narcotraficantes había cancelado el plan para asesinarlo, lo que le dio tranquilidad.

Para este crimen Pablo Escobar contrató a miembros de la fracción guerrillera Ricardo Franco por 25 millones de pesos. Con este dinero adquirieron cuatro pistolas, una subametralladora y un silenciador en el mercado negro de Medellín. Este material fue trasladado a Bogotá y almacenado en una casa de propiedad de Pablo Escobar.

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